martes, 27 de noviembre de 2012

Buey gallego & penne de Italia


Uno de los placeres más grandes que nos permitimos en casa con frecuencia, es el chuletón de Buey Gallego. Aunque también vamos mucho a un par de sitios que tenemos bien catados, donde lo preparan de maravilla tanto en chuletón como en churrasco que es otro delicatessen de los grandes.
El tema del buey Gallego es algo curioso, ya que es un animal en peligro de extinción desde que llegó a Galicia el tractor amarillo y de otros colores que lo sustituyeron en las labores del campo. 
El Buey era utilizado para tirar del arado en las cosechas dado su gran tamaño y fuerza. Pero la modernización también llegó al mundo rural, y donde había arado, hoy hay tractor, y donde había gadaña, hoy hay corta césped... Así son las cosas! 


Por lo visto, en los restaurantes de media Europa hay colas para degustar la carne de Buey Galleno, un delicatessen que hasta Killian Fox  autor del articulo "Las cincuenta  mejores cosas que comer en el mundo y donde comerlas" ensalza en su columna en The Guardian situándolo entre uno de los mejores manjares del mundo. Para él, el buey Gallego es un "Chuletón perfecto". Y no seré yo la que le lleve la contraria a este hombre, ya que no puedo estar más de acuerdo con su tesis!! Es un manjar solo para paladares selectos!!!
La carne de buey es para amantes carnívoros, de un sabor más intenso, y una textura suave que se deshace en el paladar. Hay que meter un bocado en la boca, y saborearlo poco a poco, disfrazandola lo menos posible, ya que perdería toda su gracia! 


Los bueyes los compran de 900kilos de carne de canal, de los cuales 150/170 serán chuletones servidos con tres dedos de grosor, que habrá que preparar y servir de una forma poco hecha. 

El precio, depende del lugar donde se consuma, de como se haya ajustado la venta del animal. Y la clave, es cebarlos con toda la harina de maíz que ellos quieran comer al día!



Para degustar un buen chuletón de buey, hay quien lo acompaña con unas patatas fritas, aunque para mi gusto, desmerecen mucho como acompañamiento de este plato. Así que he querido juntar mi tierra con la pasión que tengo y ya conocéis de mi Italia. Nada mejor que unos Penne o macarrones, un tipo de pasta elaborada con grano duro y generalmente disponible en forma de pasta seca. Su corte oblicuo los combierte en una pasta perfecta para elaborar con salsas, aunque en este caso he querido ser  prudente hasta para eso!


Ingredientes para la salsa: 

-8 dientes de ajo

-3 cucharadas de albahaca fresca y picada
-3 cucharada de aceite de oliva
-2 cucharadas de queso rallado Provolone. 
-Sal
- Pimienta negra
-1/2 cebolla picada
-1 bote de tomates enteros en conserva
-2 cucharadas de vino blanco

Cortamos los dientes de ajo en rodajitas y los trituramos con ayuda de un mortero, al mismo tiempo añadimos la albahaca y el aceite poco a poco. Agregamos el queso provolone rallado y seguimos mezclando todo bien.
En un cazo, a fuego lento, ponemos un chorrito de aceite de oliva y rehogamos la cebolla rallada hasta verla transparente.
Añadimos el tomate, y el vino blanco y dejamos hacer a fuego lento hasta que espese.
Retiramos y mezclamos con el ajo, la albahaca y el queso rallado del mortero. Salpimentamos.


Cocemos la pasta en una olla con agua y sal. Y la sacaremos cuando esté al dente.
Por otro lado, en una plancha, hacemos los chuletones de Buey, que han de ser de unos tres dedos de grosor aproximadamente. Los haremos poco hechos, o al punto como digo yo. Que queden tiernos pero sin que suelten sangre. Al gusto de cada uno, pero esta carne no debe hacerse demasiado o resultará muy seca.
Los salpimentamos al sacarlos de la plancha.
 
Y una vez esté todo listo, serviremos la pasta, rehogandola con un poco de salsa por encima, y con el chuletón de acompañamiento! 
Os recomiendo un buen vino tinto para degustar este plato, mi elección en este caso fue un Rioja  Remelluri, pero hay un montón de vinos que le van de maravilla.

El tinto de Reserva 2005 es un buen representante del perfil de los vinos de Remelluri, con rica expresión frutal y especiada y un perfil maduro y elegante. Debe ser sometido a una decantación antes del consumo. Se disfruta mejor si se lo degusta a temperatura ambiente (16º), acompañando un carpaccio de buey o una lengua de ternera estofada. Tiene un significativo potencial de guarda: hasta diez años en buenas condiciones de conservación.